“¿Y por qué yo no?” Así podríamos empezar a contar la historia de Joaquín Molina Del Rosal (Cenes de la Vega, 1994), un joven granadino que ha dedicado la mayor parte de su vida, desde pequeño, al motocross: un mundo “sacrificado y complicado al que hay que dedicarle mucho tiempo” y que su padre, gran aficionado a las motos, le supo inyectar la afición por este deporte. Hasta que un día cualquiera, un grave accidente le provocó que perdiese su pierna izquierda, y todo cambiase para siempre. Pero no fue así.

Dos años y medio después de aquel fatídico suceso, Joaquín Molina reflexiona con singular sentido del humor y pasión por lo que más le gusta sobre su periplo emocional y físico. Porque un mes después de su accidente, nació su hijo y tuvo que seguir adelante. Con una prótesis, sí, pero con más ganas e ilusión que nunca en estos tiempos tan inéditos para todos. Cómo afrontar el impacto de perder una pierna tan joven y, en doble sentido, tener que echar a andar de nuevo en la vida.

“No llores más por la pierna, la vas a perder”. Así explica Joaquín Molina la frase que le anestesió antes de llegar al hospital en su vago recuerdo del domingo 18 de noviembre de 2018. “Estaba tirado en el suelo y sentía un dolor muy grande en la pierna mientras una mujer me atendía en lo que llegaba la ambulancia. Cuando me dijo eso, me desmayé. Al despertarme el martes en el hospital, era algo que ya sabía, lo recordaba. Le dijeron a mi mujer, que estaba embarazada de ocho meses en ese momento, que la pierna había que cortarla y estaba casi muerto. Fue un momento muy duro porque en el accidente pensé que jamás volvería a montar en la moto, en lo que había sido mi vida, mi día a día.”

Y es que la vida de Joaquín Molina siempre ha estado ligada al motocross. Cuando era niño, su padre le compró su primera moto y creció rodeado de gente mayor mientras sus amigos jugaban al fútbol. Esto le hizo aprender rápidamente que ese mundo no era fácil y que tendría que dedicarle mucho tiempo si de verdad le gustaba. Y vaya si le gustó. Seis veces campeón de Granada, 2º y 3º de Andalucía, e incluso 4º de España se encuentran en su haber. Aunque siempre ha tenido que escuchar que “tenía más talento que trabajo”, lo cierto es que su mentalidad es la de un ganador.

Por ello, no me quedé sorprendido cuando Joaquín fue el más rápido en volver a andar. Si a mediados de noviembre tuvo el accidente, en apenas tres meses ya estaba dando sus primeros nuevos pasos. “Ya te ha pasado y no puedes volver a atrás. Hay que seguir porque nadie va a venir a ponerte una pierna. Para lamentos hay un día: cuando sales del hospital. Si tienes que llorar, llora lo que necesites. Pero no hay que lamentarse, ¿para qué? Todo se puede y la vida continua, aún estás aquí.”

Eso sí, no fue un camino de rosas. Nunca olvidará la primera vez que se vio al espejo sin pierna, una imagen que choca a cualquiera que haya estado acostumbrado a verse en otra situación. “Cuando fui a ducharme por primera vez, no podía parar de llorar. Pensé en tirarme por la ventana y quitarme la vida. Hasta hace 6 o 7 meses seguía soñando conmigo con las dos piernas. Por eso mirarme al espejo fue el momento más duro.” Y ahí entendió todo. Era momento de verlo con otros ojos, con los ojos del que ya tiene una familia a la que considera “el 80% de mi recuperación, ya que mi mujer lo ha hecho todo por mí estando embarazada, y después con nuestro hijo ya nacido. Su familia, la mía y los amigos han sido fundamentales en mi recuperación. Sin ellos no hubiese sido posible.”

Una de las cosas que tienen los nuevos tiempos es que estás a una búsqueda en Internet de verlo todo. Y Joaquín, con su particular sentido del humor, al principio buscaba “cómo injertar piernas de una persona a otra, pero es imposible”, dice entre risas. “El 28 de febrero me pusieron la prótesis y empecé a ver a gente que le había pasado lo mismo que a mí. Eso me animó a decir ¿y por qué yo no?” Es el gen de un deportista ganador que se sabe anteponer a cualquier obstáculo el que le lleva a la gloria. Sacrificio y resiliencia. “La vida está escrita. Hay que arriesgar porque quiero hacerlo, aunque con 24 años me hayan tenido que quitar una pierna. Si te tiene que pasar, te va a pasar. Lo más importante es intentarlo, y quería darle esa alegría a mi padre porque sé lo que significa para él.” El que no arriesga no gana, y Molina ganó mucho más que una simple carrera. De las tres prótesis que tiene, una es para el motocross, su gran pasión. Le valió una vuelta en el circuito con ella para saber que podía, y seguir intentándolo.

“No podía saltar, y salté. Iba solo 3-4 segundos más lento que antes del accidente. Cuando llego al circuito le sigo pidiendo a mi padre que me tome el tiempo, soy muy competitivo. Él me regaña y me dice que ya no estoy para eso. ¿Qué le hago? Soy así, me gusta ser el mejor.” Eso sí, no pierde de vista las circunstancias actuales, dándole importancia a lo importante: “Me ha sorprendido mi nivel en la moto con la pierna y me veo bien pero no voy a poner mi vida en riesgo porque ahora tengo una familia.”

Tal es así que el nacimiento de su hijo llegó en lo que aparentemente podría ser el peor momento de su vida. Pero estas son, en mi opinión, las bonitas casualidades de la vida. “Mi hijo ha sido muy importante. Un mes antes de él nacer, tuve el accidente. Me ha despejado y alegrado la vida. Ha sido muy duro no poder hacer cosas por él porque tenía los brazos escayolados y la reciente amputación de la pierna.” Un hijo al que ya le van empezando a gustar las bicis y las motos, y por el que Molina estaría dispuesto a dejarlas “por ir al circuito con él. No voy a obligarlo a montar, pero si me la pide se la daré encantado y lo apoyaré como mi padre hizo conmigo, por los domingos de carrera juntos.”

Aunque ya “no puede” practicar motocross al nivel de antes, Joaquín no lo ha abandonado y sigue evolucionando cada día, ya que “el intentar hacer una cosa es lo que más te motiva”. Incluso sus rivales aún siguen viendo perplejos cómo Molina les adelanta después de quitarse la pierna al llegar al circuito. “¡Me ha adelantado uno sin pierna! Impacta mucho, pero me voy acostumbrando a esas miradas.” El chico de 26 años también da un consejo a los deportistas que sufren una discapacidad: “Todo se puede. Es duro que te pase cualquier cosa y más tan joven. Pero hay que asumirlo porque hay medios y métodos para seguir adelante. Darle normalidad a pesar de los obstáculos. Rehacer la vida, después de lloros, fracasos y vergüenzas, y seguir intentándolo hasta conseguirlo.”

Su objetivo, más allá de ganar carreras, es “seguir bien con mi moto y mi familia.” Eso sí, le puede el deseo de que su hijo siga sus pasos y cumpla su sueño: “Ojalá termine lo que su padre empezó y trabaje para conseguirlo. Que algún día compartamos la afición por el motocross, como yo con mi padre. Me haría muy feliz.” Joaquín Molina es un ejemplo de superación y de la importancia de nunca rendirse y seguir intentándolo. De hecho, sus amigos le animan a montar una escuela, aunque a él le motive enseñarle a su hijo. De momento, sigue disfrutando de su deporte favorito con una prótesis y la ilusión de un niño. Y, aunque no está para poder luchar por grandes eventos en este momento, quién sabe dónde está el techo futuro de este joven. En un periodo de tres años su vida ha cambiado de manera drástica, pero su pasión por el deporte sigue igual.