Según Ludmila, no importa tanto la cantidad de tiempo que uno pase sumergido sino más bien es la sensación de formar parte del agua. Ella tiene 43 años, es argentina y representa al equipo de su país en apnea deportiva, tiene el récord local en apnea estática y ya de muy pequeña se escapaba a la pileta grande del club de Río Colorado, la ciudad de Río Negro y la retaban tanto por ser tan corajuda que le tenia mas miedo al bañero que al agua.
Actualmente vive en la  ciudad de Bahía Blanca , donde también entrena y cuenta que desde que tiene memoria “El agua la llamaba”.

A los 5 años participaba de competencias preinfantiles en las que el premio era un helado conogol. A los 10 nadó 25 metros sin respirar, en subacuático, la prueba en la que –años después– se convirtió en campeona panamericana.

“La infancia es la pileta. La pileta, jugar en la calle y la biblioteca”, recuerda, porque también le daba a la lectura de libros de su casa, que compartía con tres hermanas, un hermano y sus padres.

En 2012 se enteró de que la apnea era un deporte y en 2013 compitió por primera vez. Dos años después participó en un Mundial de la especialidad, en Francia.

Hay que ver las imágenes que le hizo la fotógrafa Laura Babahekian. Bajo el agua su cara es puro éxtasis. A veces, sin ropa, se sumerge y se deja llevar por las sensaciones: el agua como caricia. Otras con una malla o con traje de neopreno: el agua como caricia. Un estado zen que sólo allí encuentra y con el que le puede ganar al frío más frío del agua.

“Siempre encontré algo mágico en ese fluir liviana y libre. Algo que hoy sigo sintiendo y que me conecta con aquella nena que aprendió a intentar.” Y luego: “Cuando llego a la pileta o al mar, me transformo. Emergen las fortalezas que no imaginaba tener, y me vuelvo permeable a ese mundo de sensaciones que sólo habito en mis apneas”.
La apnea deportiva consiste en contener la respiración bajo el agua y alcanzar el mayor tiempo, profundidad o distancia posible en un respiro. Hay distintas pruebas deportivas. Ludmila es instructora de apnea, da cursos y talleres, y en ese ámbito vio a personas vencer miedos en el agua, superarse y descubrir fortalezas en su interior más profundo. Porque la apnea se trata de eso: del proceso y no de los minutos o metros sin respirar.
Con cuatro récords panamericanos, dos sudamericanos y quince argentinos entre las tres pruebas en piscina, ella también puede jactarse de un reciente récord argentino en apnea en profundidad (en el mar), en la prueba más difícil y genuina conocida como “peso constante sin aletas”: descenso y ascenso en estilo pecho, sin agarrarse de la cuerda ni usar patas de rana. Así descendió 40 metros. Sólo brazadas y patadas.

Para alcanzar esos logros hizo cosas tan extravagantes como nadar bajo el agua 142 metros en una piscina o permanecer cinco minutos y medio sin respirar.

Fue cuarta y octava en los dos mundiales en los que participó y medalla de oro en un Panamericano de Apnea Indoor. “Esa vez, en una competencia en Puerto Madryn, me sumergí en un mar frío y cada vez más oscuro”, cuenta. Y ganó.

Su hermana Eloísa, profesora de educación física y psicopedagoga, es su entrenadora. “Sólo nosotras sabemos por lo que pasamos para crecer en este deporte”, dice Ludmila al recordar obstáculos.

“Nunca me quedé de brazos cruzados, aprendí a autogestionarme. Buscar patrocinios fue una maratón aparte que muchas veces me hizo llegar desgastada a competencias o hasta a llorar bajo el agua en los entrenamientos. Pero eso hizo todo más valioso. Permanecer a pesar de eso, es mi mayor logro.”
“El miedo es primitivo y necesario: lo hagamos como deporte o juego, nuestro cerebro solo interpreta que es una situación de supervivencia y actúa en consecuencia. Pero no manejo la mente, ni anulo pensamientos negativos ni miedos: los ordeno, aprendí a transitarlos si aparecen. Lo que nos puede jugar en contra no son los pensamientos en sí, sino las reacciones fisiológicas que pueden generar: hasta un recuerdo bonito nos puede alterar la fase calma de la apnea, por eso el estado ideal sería conectarnos con el aquí y ahora. El mejor entrenamiento para la mente es ir a la pileta y hacer, hacer a pesar de cualquier circunstancia. No ponerla en un lugar ideal, sino todo lo contrario: atravesar ese remolino de emociones también es parte del juego. Siempre hay una vocecita que me dice “huí” y otra: “hoy te convertís en héroe”, y las dos son necesarias. Es una tríada mental-física-fisiológica en la que el todo es más que la suma de las partes. Y siempre voluntad, constancia y decisión.”Con estas lindas palabras ella describe la experiencia de la apnea de una manera tal que solo un apasionado de esta actividad podría expresar. Uno  pensaría que para lograr semejante trayectoria esta chica no siente el frío, pero graciosamente dice:”¡¿Qué?! Soy el ser más friolento del mundo.”