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El K2, la montaña más peligrosa del mundo, esconde una terrible maldición

El K2, también conocido como Qogir y Kechu, es una montaña que se localiza en Pakistán en los Himalayas. Tiene una altitud de 8611 metros, lo que la convierte en la segunda montaña más alta del mundo, sólo por detrás del Everest. Sin embargo, por sus pendientes y forma de pirámide es considerada la montaña más peligrosa para escalar del mundo junto con Annapurna y Nanga Parabat.

Llegar a la cima del K2 es una tarea arriesgada en la que las probabilidades de morir incrementan con cada paso. En promedio, una de cada cuatro personas que se atreven a desafiar esta montaña mueren en el camino. Por su peligrosidad se le conoce como la montaña salvaje.

Desde el registro del K2 en 1856 varias expediciones intentaron conquistar la cima. Hasta el 31 de julio de 1954 Lino Lacedelli y Achille Compagnoni, de la expedición italiana liderada por Ardito Desio, alcanzaron la cima.

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montaña himalayas

Un gran número de alpinistas han fallecido en el K2, y hasta 2004 todas las mujeres que intentaban conquistar la montaña fallecían durante el descenso o pocos años más tarde. Así surgió la leyenda de la maldición del K2. Una maldición en la que las mujeres estaban destinadas a morir. Durante muchos años esta leyenda parecía ser cierta.

La polaca Wanda Rutkiewicz fue la primera mujer en alcanzar la cima en 1986. En la expedición iban también Liliane Barrard y su esposo Maurice Barrard. Ambos alcanzaron la cima pero murieron en el descenso. Wanda sobrevivió a la furia del K2 pero falleció en 1992 cuando se encontraba en la montaña Kanchenjunga, la tercera más alta del mundo.

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Wanda Rutkiewicz

También en 1986, considerado el peor año del K2 y en el que se registraron más muertes, la alpinista y cineasta británica Julie Tullis consiguió llegar a la cima. Junto al alpinista austriaco Kurt Diemberger, con quien escaló varias montañas para filmar, por fin llegaron al punto más alto del K2 el 4 de agosto. Sin embargo, una tormenta en el descenso complicó la expedición y Tullis perdió la vida entre la noche del 6 y la mañana del 7 de agosto. Entre el 6 y 10 de agosto de 1986, cinco alpinistas fallecieron en el K2 debido a las tormentas. En las semanas consecuentes, otros ocho alpinistas también murieron. A este periodo se le conoce como el “Black Summer” de 1986.

Pasaron seis años hasta que otra mujer intentó subir el K2. La francesa Chantal Mauduit se conviritió en la cuarta mujer en alcanzar la cima de dicha montaña al conseguirlo en 1992. Falleció en 1998 en el campamento Dhaulagiri en Nepal.

La británica Alison Hargreaves tampoco sobrevivió a la brutalidad del K2. La alpinista buscaba en 1995 ascender las tres montañas más altas del mundo: Everest, K2 y Kangchenjunga. Obtuvo con éxito su primera conquista al subir el Everest sin ayuda de sherpas ni oxígeno. Meses más tarde se unió al equipo canadiense y neozelandés en el campo 4 para realizar el ascenso a la cima del K2. Fue en el descenso que Alison falleció debido a una fuerte tormenta. Este año también fue uno de los peores en la historia del K2 en cuanto a muertes se refiere.

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Edurne Pasaban

La siguiente mujer en alcanzar la cima fue la española Edurne Pasaban y con la que se dice que se rompió o se demostró que tal maldición no existía. Este reto lo logró el 26 de julio de 2004. Pasaban es también la primera mujer en escalar los 14 ochomiles (montañas superiores a los 8 mil metros).

A Pasaban le siguieron otras importantes alpinistas como la italiana Nives Meroi y la japonesa Yuka Komatsu que alcanzaron la cima en 2006, la coreana Oh Eu-Sun en 2007, la noruega Cecilie Skog en 2008 y la austriaca Gerlinde Kaltenbrunner (primera mujer en subir los 14 ochomiles sin oxígeno) en 2011; todas ellas sobrevivientes al K2 y que actualmente siguen vivas para contarlo. En 2014 Maya Sherpa, Dawa Yangzum Sherpa y Pasang Lhamu Sherpa demostraron que no había maldición que las detuviera y se conviertieron en las primeras mujeres nepalíes en subir el K2. El 28 de julio de 2017, la británica-estadounidense Vanessa O’Brien consiguió subir a la cima del K2 luego de intentarlo en 2015 y 2016 pero sin éxito por el mal clima.

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Maya Sherpa, Dawa Yangzum Sherpa y Pasang Lhamu Sherpa

Durante muchos años la maldición del K2 pasó de generación en generación, pero estas mujeres han demostrado que no hay historia que se interponga en su camino para tratar de alcanzar la cima de la montaña más peligrosa del mundo. Sin importar si se trate de hombres o mujeres, los riesgos y las probabilidades de morir son las mismas cuando se enfrenta a una montaña imponente. Porque siempre han habido mujeres que sueñan con ver el mundo desde la cima.

Desde hace más de cien años hay mujeres que sienten la llamada de la montaña, que quieren subirla. Como el hombre, miran hacia arriba y a lo lejos, al tiempo que cierran los ojos. ¡Ah, si estuviera ahí arriba!”

“Desde que el viejo esplendor masculino se volvió ridículo, la igualdad de sexos en montaña, a diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos sociales, se ha hecho realidad. El típico montañero de antaño, fuerte, competitivo y capaz, con sus monótonos y sesgados patrones de comportamiento, no podía admitir que le superase ninguna mujer. Hoy, por el contrario, es importante saber que las mujeres pueden ser viriles sin perder por ello su identidad femenina.El papel de la alpinista moderna, fuerte y cosmopolita, es compatible con el de esos hombres que también se dedican solo a escalar. Y es que subir montañas siempre se ha considerado algo que carece de propósito concreto, aunque hoy tenga más de deporte que de aventura, más de competición que de ocio”. -Reinhold Messner en el libro “On top. Mujeres en la cima”.

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